25 de enero de 2026 07:32 9 minutos de lectura
Pablo Fernández Blanco
Welspun es la empresa india que ganó la licitación para proveer caños a un gasoducto argentino y desplazó la oferta de la compañía de Paolo Rocca.
Un hecho que se acaba de concretar sacudirá el tablero del universo empresario argentino cuando se conozca. Una empresa india, gigante en su especialidad, pero desconocida en el país, se adjudicó la licitación para proveer de caños a un ducto de casi 500 kilómetros que llevará gas de Vaca Muerta a Río Negro para licuarlo y venderlo al mundo por barco. Es uno de los proyectos más grandes en la gestión de Javier Milei.
La decisión se tomó en el ámbito privado y desencadenará efectos como un dominó. Uno de los más evidentes es el golpe a Techint, la empresa que conduce Paolo Rocca. Es el mayor empresario industrial privado del país y uno de los referentes en la fabricación de caños para hidrocarburos a nivel internacional. Pero acaba de ver cómo los indios hacen negocios en el patio de su casa, en una actividad en la que, cuando él habla, los demás escuchan.
Los caños de la disputa son para Southern Energy, el consorcio que quiere cambiar el perfil exportador de la Argentina con una inversión de US$15.000 millones para exportar gas licuado.

En sociedad con empresas internacionales, lo integran muchos de los eslabones del establishment local, como Pan American Energy (su figura sobresaliente es Marcos Bulgheroni), Pampa Energía (Marcelo Mindlin) e YPF, cuyo jefe, Horacio Marín, tejió una relación tan cercana con el Presidente que Javier Milei hasta usa la ropa de trabajo de la petrolera en sus giras internacionales.
La decisión fue de tanta sensibilidad que se discutió largamente en la mesa de los petroleros. Marín, de hecho, propuso darle a Siat-Tenaris, la empresa de Techint, más alternativas para mejorar su oferta, pero la distancia era mucha para el resto de los integrantes del consorcio.
Todos los socios consideraron que, según la estructura de costos del proyecto, no había margen para hacer concesiones porque podrían convertirlo en algo inviable.
Rocca en persona es antagonista de la llegada desenfrenada de productos siderúrgicos asiáticos desde mucho antes de que el propio Javier Milei imaginara incursionar en la política. Esta vez, el enemigo de la industria nacional no estuvo en China, la latitud habitual a la que suele apuntar el jefe de Techint, sino en Bombay, sede de Welspun, la compañía que se quedó con el negocio.
Los indios hicieron su trabajo de principio a fin. Compitieron contra 15 ofertas de empresas provenientes de España, China, Colombia, México, Japón, Grecia, Turquía y, naturalmente, India y la Argentina.

Seis compañías quedaron en la etapa final del proceso. La oferta de la ganadora apenas superó los US$200 millones y fue un 40% más baja que la de Techint, que hizo varias mejoras para acercarse al valor de Welspun. La india coronó el negocio aceptando mayor flexibilidad en la forma de pago y en las garantías.
Rocca había sido vehemente sobre ese tema a fines de diciembre pasado, en la fiesta de fin de año de Tenaris. Allí, les garantizó a sus empleados que haría “todo lo posible para contrastar importaciones desleales, para poder fabricar y crear trabajo en esta cadena extraordinaria que es la cadena de la energía y también en las otras cadenas industriales del país”.
El segundo mensaje del episodio petrolero es para las pymes. Si Techint, abanderada de la producción local y con peso para dar las discusiones al nivel más alto de la política y de los negocios, perdió a manos de una firma extranjera, qué suerte les espera a ellas. Sería imprudente, sin embargo, sacar conclusiones apresuradas.
Sucede que el golpe de efecto ocurre en un momento especial de la convivencia entre el Gobierno, el empresariado local y las crecientes importaciones de países que producen más barato que la Argentina.
Los dueños y gestores de compañías encontraron un punto de apoyo para empujar una palanca que hasta ahora basculaba en el aire. En silencio y de manera artesanal, las industrias locales están armando su propia trinchera para frenar el avance de su enemigo más visible: la llegada masiva de productos importados de China. La defensa se construye saco a saco.
Un empresario argentino que maneja una fábrica importante de electrodomésticos mandó a comprar un modelo de la competencia. Es de la marca Kanji Home, pero proviene de China. Le vio algo raro y presentó una demanda en la Secretaría de Coordinación de la Producción (a cargo de Pablo Lavigne), que lo llevó al laboratorio. Un informe que ya está en la órbita del Ministerio de Economía dice que el producto asegura tener más volumen del que efectivamente tiene.
Otro empresario repitió la maniobra, pero ahora con un lavavajillas que también viene del fabricante asiático. Pidió la intervención del Gobierno. Está a la espera de que los estudios confirmen o refuten sus sospechas.

En una de las oficinas de una compañía que vende cosméticos no pueden creer cómo la producción china que llega a la Argentina para competirles tiene precios tan bajos. Creen que, quizá, no está cumpliendo con las normas de salud que se les exigen a ellos. También fueron a golpear a la puerta de Comercio con la misma convicción que los fabricantes de lavarropas y de lavavajillas.
Son cada vez más los casos en que los productores argentinos apoyan sobre la mesa un juguete, una zapatilla o un enchufe eléctrico. No los miran como comerciantes, sino como peritos. Los giran, los aprietan, los desarman. Buscan una falla mínima, una etiqueta mal traducida, una promesa falsa en las especificaciones técnicas. Cada defecto puede convertirse en un expediente. Cada expediente, en una barrera al ingreso de ese producto que les hace daño.
Entre los más convencidos están los fabricantes de juguetes. En diciembre pasado hubo un encuentro entre el propio Lavigne y Matías Furió, presidente de la cámara que representa a ese sector en la Argentina. El reclamo fue directo y repetido: llegan productos chinos que quizá no estén cumpliendo con los requisitos mínimos y terminan en manos de niños.
Lavigne, a través de Fernando Blanco Muiño (Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial), puso en marcha una investigación sobre los productos denunciados por los jugueteros. Son una pequeña multitud que apunta a un grupo específico de productos, aquellos que están hechos para divertir a la primera infancia, es decir, chicos de menos de tres años que suelen llevarse objetos a la boca.

Los jugueteros han ganado una gimnasia envidiable en materia de denuncias. Pasan los productos por el laboratorio de la cámara. Con los resultados en la mano, tocan a las puertas de Comercio para que frene el ingreso de esos productos. De esa operatoria derivó una multa de $100 millones contra un importador. Es el principio de una cadena de sanciones que se irá estirando en los próximos meses.
Es interesante advertir lo que está pasando alrededor del secretario de Coordinación de la Producción. Lavigne es exégeta del libre comercio que propone Milei y uno de los soldados de la batalla cultural libertaria cada vez que recibe a un empresario en su despacho. Sin embargo, tiene la orden de hacer cumplir las reglamentaciones en materia de importaciones. No se toleran casos de deslealtad corroborada.
El ejemplo inaugural fue el de una heladera. Los demandantes sostenían que el modelo denominado Neba H300, proveniente de China, incumplía con los reglamentos técnicos. Un grupo de inspectores fue a una sucursal de Frávega en Valentín Gómez 2813, donde se retiró una unidad cerrada y con precintos intactos.
Según el acta y el informe técnico, el termostato no funcionó correctamente, el compresor no se detuvo y el aparato nunca alcanzó las temperaturas para completar los ensayos. Eso derivó en la conclusión de que el producto no se comportaba como un refrigerador debería hacerlo.
La heladera fue retirada del mercado y la empresa importadora recibió una multa.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/el-resultado-de-una-licitacion-sacude-el-tablero-empresario-argentino-nid25012026/
